¿Qué significa comer emocionalmente?

Comer emocionalmente es el uso de los alimentos y o bebidas, como forma de afrontar las emociones, en lugar de como forma de calmar el hambre o la sed.

Cuando vuelves del trabajo estresado, enfadado, si tu pareja te pregunta ¿Qué te pasa?, lo más habitual es contestar ¡nada, el jefe que es un…! Y te vas a la nevera a por una cerveza, o un helado, unas aceitunas… Lo mismo te sucede cuando el problema ha surgido en la relación de pareja, al final se abre la puerta de la nevera. Por la noche al final de un día, estresante, o vacio, o uno más…; te relajas cara a la tele y… No es hambre es como un vacio interno, no es sed es que la garganta se ensancha… el final ya lo sabes, bebes, no paras de picar. No necesariamente es el fruto de un acontecimiento del día, también es fruto de un estado de ánimo.

 

 

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Al final el único sentimiento que queda es el de tirar la toalla ¡qué más da!, ¡no puedo evitarlo!, ¡otra vez!…

A todos nos ha pasado alguna vez, cuando nos hemos acabado una bolsa entera de pipas sólo por aburrimiento o hemos atacado el chocolate, o hemos dado cuenta de varias copas de… Pero cuando se hace habitualmente, comer emocionalmente puede afectar al peso, la salud y el bienestar general.

Uno de los principales mitos sobre comer emocionalmente es que lo desencadenan emociones negativas. Sí, es cierto que a menudo nos refugiamos en la comida cuando estamos estresados, te sientes solo, triste, ansioso o aburrido. Pero comer emocionalmente también se puede asociar a emociones positivas, hemos realizado un “buen trabajo”, te sientes satisfecho por una “buena acción”; que celebración no se realiza en torno a la mesa, cumpleaños, onomástica, aniversarios, día de la madre, del padre, de San Valentín…, hoy porque es domingo, porque es…

Puede asociarse a grandes acontecimientos, importantes, pro muy a menudo son los pequeños y cotidianos avatares los que en funcionamiento unos mecanismos compensatorios que nos llevan a la nevera o al mini bar.

Muchas veces lo llevamos en la estructura personal fruto de la educación o costumbres, a que niño no se le ha premiado con unas golosinas, se le ha demostrado cariño y fiesta al comprarle unas golosinas, o se le ha castigado sin golosinas…

Lo primero ante este patrón, difícil de revertir, es tomar conciencia del problema, de que no resuelve nada, que es compulsivo y que produce problemas de sobrepeso, salud, e impide muchas veces afrontar problemas emocionales que quedan enmascarados con este comportamiento; y que a la vez nos produce una sensación de derrota que facilita que facilitemos el camino para “la próxima vez”.

 

Alimentos “consuelo”

Estos varían según la persona y el estado de ánimo al que se enfrente. En nuestra vida algunos alimentos se han convertido en todo un mito de placer, premio, refugio, muestra de cariño… A la vez que se ha detectado que según el estado de ánimo, se eligen un tipo u otro de “alimentos consuelo”; como por ejemplo en un momento aburrido se prefiere los alimentos salados y crujientes; en un momento eufórico se prefiere una bebida refrescante como la cerveza, un combinado con cola, o simplemente se le añade hielo a la bebida habitual y en un momento depresivo una copa, vino…

Unos estudios han descubierto unos parámetros generalizados sobre alimentos que se utilizan como refugio; encontrando preferencias en alimentos ricos en grasas, por el contrario no se suele utilizar verdura cruda, llegando a la conclusión que estos alimentos son aquellos que estimulan la síntesis de ciertas sustancias, como neurotransmisores” que hacen que nos sintamos bien, como por ejemplo la Serotonina, incluso se emplea este mecanismo en el tratamiento de la depresión. No es de extrañar que repitamos este comportamiento una y otra vez.

 

Hambre física versus hambre emocional

Es importante para enfrentarse a este problema, el saber distinguir entre ambas, para descubrir las motivaciones y desviaciones conductuales que te impulsan a comer emocionalmente y así poder afrontarlo adecuadamente

 

Preguntas que te debes formular

La ingesta emocional: Nada más sentarme con comida delante ¿Empiezo a comer? ¿Cómo de forma voraz, rápida? ¿Se produce habitualmente a la misma hora? ¿En qué contexto?

Si ves que tienes un problema de sobrepeso no busques la solución en la comida, mediante una dieta, pues esta, es la herramienta del problema y no el problema. Lo primero es averiguar porque se produce el desequilibrio alimentario, sin problema emocional uno no sigue comiendo o bebiendo cuando no tiene hambre o sed física.

En la Medicina Natural existen procedimientos para ayudarte a reconducir el comportamiento conductual e invertir la tendencia emocional. Una vez encauzado este problema será hora de adelgazar, sin que nos acucie el ir y venir de los kilos. Mientras, aunque nos esforcemos y adelgacemos, las emociones nos conducirán de nuevo al desequilibrio, y a adquirir de nuevo nuestros “kilos amigos”.

 

Algunas recomendaciones prácticas:

Una primera medida será empezar a controlar tu comportamiento frente a la comida:

  • Retrasa el inicio de la ingesta unos minutos después de sentarte con comida delante.
  • Come despacio
  • Decide antes de comer, que y cuanto, una vez ingerido lo decidido previamente levántate de la mesa
  • Si tu problema se produce en una actividad concreta, por ejemplo cara al televisor, cambia de actividad
  • Si tienes necesidad de “comer”, hazlo pero come: Zanahoria cruda, Coliflor cruda, Lechuga… (Patata cruda, no es saludable)
  • Empieza un diario, y cuando sientas el impulso de comer o beber, anota en él, Lo que estás haciendo, como te sientes, ¿Qué te ha pasado ese día?… Pronto descubrirás un patrón que se repite, de este modo cuando se produzca la situación conocida sabrás lo que te va a venir y podrás prevenirlo y afrontarlo mejor.
  • Cuando veas que ese día no puedes controlarte, cambia de alimento, no constituyas unos alimentos en símbolo.

 

 

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