Las emociones nos ayudan a adaptarnos y entender mejor las diferentes situaciones que se nos presentan plantean en la vida, pero hay que tener en cuenta, dependiendo de cada persona, que pueden causar problemas, tanto de adaptación como de salud, y en algunos casos conducirnos a patologías como la depresión.

Desde la infancia formamos una estructura personal, escalara de valores, personalidad,… con la cual valoramos las situaciones de nuestra vida, los acontecimientos, los comportamientos, calificándolos como buenos, malos, indiferentes… en la medida que crecemos y maduramos, incorporamos a nuestro repertorio una serie de valoraciones y por lo tanto de reacciones que antes no existían: por ejemplo, la reacción de asco ante un alimento en mal estado. Al mismo tiempo aparecen reacciones nuevas, ante situaciones nuevas que nos hacen creer que son fruto del acontecimiento que estamos viviendo, estas no son reacciones lógicas o racionales, sino que parecen instintivas, fruto de “nuestra forma de ser, por lo que es muy difícil que descubramos que su raíz esta en nuestro cimientos o “estructura cognitiva” formada en la infancia,  o por el contrario no tenemos otra explicación y la achacamos a la persona o circunstancia que parece ser la causa que las provoca, pero hay que insistir que su raíz está en nuestra propia estructura de pensamiento, y es sobre esta misma sobre la que hay que actuar si queremos erradicar los problemas que nos causa, una persona, circunstancia de vida, acontecimiento…

Los sentimientos negativos que nos provocan una reacción disfuncional, es decir, esa extraña manera de actuar, se agrava por el tiempo, por supuesto dependiendo de cada persona, esta respuesta en lugar de darse de manera aislada, se incorpora al aprendizaje y se acaba convirtiendo en una manera habitual de sentir y responder ante cualquier situación, con un denominador común, como puede ser la injusticia, el desamor, la precariedad, inseguridad,… Esta respuesta disfuncional, si se mantiene en el tiempo, puede desembocar en un desorden emocional.

Lo más interesante es que, esta condición distorsionada de vivir ciertos acontecimientos que nos provoca una disfunción emocional, es totalmente reversible aunque para ello es necesario tener la información adecuada, y desarrollar una serie de habilidades de manejo emocional que acabarán dándole toda la vuelta a nuestra estructura cognitiva, y por lo tanto a nuestra forma de interpretar, y de vivir nuestro yo emocional.

 

 

conocer las emociones

 

Las personas tenemos la capacidad de desarrollar, o recibir, distintos tipos de aprendizaje emocional, dentro de cada aprendizaje puede aparecer distintas distorsiones cognitivas que nos llevan a interpretar la realidad que vivimos, de forma negativa y causarnos un desorden emocional, pero al mismo tiempo tenemos la capacidad de descubrir y reformar partes de dicho aprendizaje.

Por un lado, aprendizaje o condicionamiento asociativo a estímulos, como por ejemplo alimentos que nos hacen daño, situaciones traumáticas, etc., que ponen en movimiento reacciones emocionales de asco, de miedo u otras emociones básicas. Por este procedimiento, estímulos que anteriormente no provocaban reacción emocional (estímulos neutros), llegan a adquirir la propiedad de disparar dicha reacción.

Por otra parte, existe otro tipo de aprendizaje, el cognitivo. En este otro caso, nuestra reacción emocional se produce ante una situación en la que hemos introducido una distorsión, es decir, hemos interpretado de manera incorrecta.

El aprendizaje crece con la experiencia, por ejemplo: partimos de una situación poco emocional, como es un encuentro con otras personas en el cual, por cualquier circunstancia, nos ponemos a sudar, y valoramos esta reacción como negativa pensando que los demás nos van a juzgar negativamente, le damos cada vez mayor importancia, le prestamos cada vez más atención y magnificamos nuestra reacción, lo que desemboca en ansiedad. Cuando esta se mantiene en el tiempo puede llegar a producirse una fobia social, asociada incluso a ataques de pánico. Este camino se puede recorrer en los dos sentidos: haciendo crecer nuestro temor a sudar y a ser valorados negativamente, o por lo contrario empezar a relativizarlo, a racionalizarlo, e ir desactivando el miedo al efecto del sudor, y por lo tanto reducir las consecuencias, incluso hacer desaparecer las consecuencias que esto nos provocaba.

El estrés es una habilidad natural que pone en marcha un proceso de reacciones, para enfrentarnos a determinadas situaciones, que nos exigen utilizar más recursos, o recursos mas específicos de los habituales. Esto significa que nos cansaremos más pero que, una vez desaparezca el estímulo ante el cual reaccionamos en su momento, podremos descansar y recuperarnos.

Cuando la situación de estrés se prolonga en el tiempo, comenzamos a sentirnos más tensos, nerviosos, irritables…, que hará que aumentemos las distorsiones cognitivas, es decir, nuestra manera de interpretar las situaciones y como consecuencia aparece la ansiedad, el agotamiento físico y mental y las primeros etapas de un proceso depresivo. En estos casos es más fácil desarrollar un aprendizaje cognitivo-emocional, que permitiría revertir la situación, teniendo en cuenta que en la medida en se agrava el estado depresivo se dificulta dicho aprendizaje, se observan con frecuencia algunos problemas como los siguientes:

  • Miedo irracional o temor a algunas reacciones emocionales, debido a una valoración cognitiva (o interpretación subjetiva) de amenaza, por la creencia errónea de que su salud puede correr peligro, aunque sólo se está sufriendo la consecuencia a nivel fisiológico propia de la ansiedad.
  • Temor a la propia ansiedad, en las situaciones sociales por temor a que los demás se den cuenta de la torpeza de sus actos. Como tener miedo a comportarse de una manera inadecuada, lo que provoca una inhibición social, ya que se piensa que los demás están pendientes de su conducta, y le van a valorar negativamente, con el correspondiente rechazo.
  • Evitar situaciones emocionales, aunque sean inevitables. Como por ejemplo, evitar hablar en público por culpa de la ansiedad, aunque sea una exigencia del trabajo, o evitar viajar en avión, aunque no pueda evitarlo.
  • Extremar la actividad fisiológica que provoca rubor, sudor, temblor muscular de extremidades, o temblor de voz, por temor a que los demás se den cuenta de esta reacción, y como consecuencia le minusvaloren por no poder controlarlas, y esto produzca un rechazo a nivel personal o incluso su consecuencia sea el despido del trabajo, o no contratación para un puesto al  que se aspira.
  • Falta de concentración, cansancio físico, contracturas musculares, falta de motivación, desaliento…, dado que dedican gran parte de su esfuerzo a tratar de luchar, de forma inadecuada, contra su ansiedad, sus miedos, y a pre-ocuparse, es decir ocuparse previamente, por lo que puede ocurrir, si no se controlan, lo que desgasta e incrementa el nivel de ansiedad.
  • Repasar los problemas del día, al acostarse y querer resolver los problemas del día siguiente, otra vez pre-ocuparse, provocando insomnio lo que les despeja e impide dormirse

 

Métodos para ayudar a superar estos problemas:

  • Tratar de descubrir, racionalizar, relativizar…, en definitiva de dominar o modificar los pensamientos que ponen en marcha la ansiedad. Es muy útil, relativizar estos pensamientos, así como no convertirlos en pensamientos recurrentes que ocupan nuestra mente muy a menudo.
  • Disminuir la reacción física de nuestro cuerpo que provocan, practicando la relajación muscular progresiva, técnicas de respiración, dominar atención y la imaginación pensando en situaciones relajantes. Cuando estamos más pendientes, sentimos más la amenaza, mientras que cuando nos relajamos nos ocupamos más en otros estímulos que resultan más positivos.
  • Cuando comprendemos la relación entre nuestra interpretación, y la emoción que provoca, se puede llegar a reducir esa forma distorsionada y negativa de ver y vivir la realidad. En la medida que practicamos esta revisión de nuestros pensamientos fruto de nuestra estructura cognitiva, esta va modificándose y cotidianamente surge una nueva forma de ver la realidad, aprendiendo que nuestros pensamientos son subjetivos, nos vienen sembrados, habitualmente en la infancia, no son adecuados… y modificando nuestros pensamientos modificamos nuestra vida emocional.

 

 

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