Las parejas, del mismo modo que se forman, se rompen, cualquiera que sea el motivo, la realidad es que las estadísticas nos dicen que la mayoría de las parejas no concluyen con éxito. ¿Cuáles son las razones de estas rupturas? No se puede pretender acotar todas las causas que pueden llevar a la ruptura de la pareja, ni siquiera profundizar lo suficiente para saber donde inicia una causa. Sin embargo lo más difícil de todo es que una persona alcance a ver qué grado de causa le pertenece, pues esto entra dentro de la tarea más difícil que existe “conocerse a uno mismo”. No obstante siempre es bueno repasar una relación de causas que llevan a, de una manera más lenta o rápida, iniciar el camino de disolución  de la pareja.

 

Problemas relacionados con aspectos previos a la relación

Son los problemas que aporta cada uno de los miembros de la pareja y que no se pueden conocer por dos razones, falta de conocimiento sobre el otro, y falta de evidencia de la existencia de dicho problema dado que no se ha puesto a prueba (por ejemplo: si una persona tiene un problema para convivir a nivel de pareja, como no había concurrido dicha circunstancia en su vida, dicho problema no se habrá manifestado hasta el momento).

Podemos destacar algunos de los múltiples problemas que puede aportar uno a la pareja: Inmadurez. Visión encorsetada de cómo “debe ser” una pareja, fruto de las experiencias positivas o negativas vividas en la pareja de los padres. Esperar de la pareja lo que no le es propio y no puede dar (por perfecta que sea), ya que muchas veces esperamos que la pareja colme todas nuestras ansias de “felicidad”…

 

Problemas relacionados con los valores sociales

Ocurren cuando algún valor social es contrario al concepto de pareja objetivo o subjetivo y sobre todo cuando ambos miembros de la pareja no comparten los mismos conceptos. Veamos algún ejemplo:

Si la sociedad eleva como fundamental el valor de la independencia, este es contrario en sí mismo al concepto pareja. Será definitorio en la medida de que dichos valores o conceptos, estén más sobrevalorados en alguno de los miembros de la pareja.

El valor que la democracia tiene en la sociedad y en la estructuración de las relaciones que se dan en su seno, no puede trasladarse a la pareja, Puesto que si las decisiones han de ser tomadas por la voluntad de la mayoría, difícilmente se puede desbloquear una solución de conflicto, al mismo tiempo que relega la principal “virtud” que debe presidir en la relación de pareja, que es el amor y este implica entrega. Entonces ¿Cómo tomar decisiones, cuando las opiniones son diferentes o incluso contrarias?

El valor de los roles en el seno de una pareja-familia. Actualmente la función de “ama de casa” está denostada y reducida a los trabajos de limpieza, y abastecimiento de los productos que se necesitan diariamente, dejando de lado su papel fundamental, de unión, de ayudar a los hijos a formarse, sobre todo en sus primeros años… En definitiva de “crear” la familia. Sin embargo el valor más deseable es el de “cabeza” al que se le ha otorgado la función de “mandar”. De ahí la lucha por ocupar o al menos repartir los roles, el primero para descargarse y el segundo por acaparar, sin tener en cuenta que el aspecto de limpieza y compra se puede repartir sin afectar al papel fundamental de “ama de casa”, y que las decisiones en conjunto no implican el rol de “cabeza”. Habría que tener en cuenta, por lo menos, que “el ama” lo es también de la “cabeza”.

 

Problemas relacionados con la convivencia

Uno de los principales problemas que, en la mayoría de estudios, se le atribuyen a la pareja es la “rutina”, esto lo que demuestra es que se tiene la “pareja” como un medio para alcanzar unos fines personales, y no el objetivo en sí mismo. El valor está en mi mismo y utilizo la pareja para obtener “mi” satisfacción y por lo tanto no me puedo aburrir. Lo que no implica que no le sea propio a la pareja buscar formas de diversión conjunta.

Algo que no se suele mencionar en los estudios habituales, son los pequeños detalles, que cotidianamente van menoscabando el sentimiento de sentirse amado por nuestra pareja, o mejor dicho, que no producen a nuestra pareja el sentimiento de que la amamos. Me refiero a dejar el lavabo sucio, la ropa interior por el suelo, dejar los zapatos dentro de la habitación, no tener una cerveza fresca en la nevera, no sorprender con un regalo, una novedad, no darse cuenta de “lo que le pasa”, no mostrar interés por sus “cosas”…

 

Problemas relacionados con las diferencias dentro de la pareja

Siendo las diferencias una riqueza para la pareja, habitualmente se constituyen en causa de ruptura, sobre todo cuando afectan a temas importantes o al concepto de pareja y por lo tanto a la forma de relacionarse.

Esto se produce por:

Tenemos una visión encorsetada de pareja

No estamos dispuestos a “formar” una pareja con el otro, sino que queremos construir nuestro ideal, en función de “mi” felicidad, y el otro es una pieza para alcanzar mis objetivos.

El error más frecuente es calificar la diferencia del otro como “defecto”, “fallo”… en vez de pensar que su forma de ver las cosas es tan legítima y bienintencionada como la nuestra


Problemas relacionados con la percepción

Con ello hago referencia a los problemas que surgen de la valoración de los problemas que surgen en la relación

Las cosas que molestan al otro, le damos la calificación de “fallos” circunstanciales, “errores” sin malicia y habitualmente se minusvalora la importancia del hecho en sí.

Los problemas surgidos por la actuación de nuestra pareja, lo atribuimos a su forma de ser, su falta de amor y tendemos a aumentar la importancia del hecho.

También es frecuente creer que aportamos más que recibimos.

E incluso caemos en la “generalización”, cuando el otro realiza un fallo surge el “siempre…”


Problemas relacionados con los cambios

La relación de pareja transcurre junto con la evolución de nuestra vida, es decir aparecen cambios que afectan a nuestra vida y por lo tanto a la vida de pareja, o incluso que aparecen precisamente por esta. Ya empieza la pareja con un cambio fundamental, antes de formar pareja solemos estar “libres”, cosa que queda modificada el primer día de vivir en pareja, aunque sus consecuencias no se aprecian hasta pasado un tiempo, por el enmascaramiento que produce la ilusión depositada en la nueva vida. Puede aparecer un nuevo cambio si nace un hijo, que condiciona nuestra vida. A lo largo de nuestra vida se engorda, avejenta, se pierde ilusión, aparecen problemas laborales, económicos, de salud… todo ello afecta a nuestra vida y a la vida en pareja. Muchos de estos cambios no son asumidos adecuadamente y provocan “una carga” o menoscabo de la vida de pareja que acaba fracturándola.


Problemas relacionados con la fidelidad y los celos

Los celos pueden ser justificados o injustificados, pero siempre provocan mucho sufrimiento en el que los sufre y en la pareja porque pueden llegar a ser asfixiantes y enfermizos.

Evidentemente la infidelidad, supone un engaño difícil de superar por que entre otras cosas genera desconfianza y se genera una sensación de que “todo” ha sido una mentira.


Problemas relacionados con la sexualidad

Por ser uno de los factores más importantes, sino el de más importancia, en las relaciones de pareja es quizá el que, de forma directa o indirecta más frutos de ruptura produce.

¿Qué está bien? ¿Hasta dónde llegar?

¿Cuánto o con qué frecuencia es la adecuada?

Si no se evoluciona adecuadamente, lo que en principio es un factor de mejora como los años de convivencia que deben de llevar a la pareja ha ir mejorando, profundizando y abriéndose a la convivencia sexual, puede llevar a la “rutina” y esta a la falta de interés, es decir a lo que se conoce como efecto “Coolidge”, llamado así por la anécdota vivida durante una visita del Presidente Calvin Coolidge y su esposa a una granja modelo, mientras un guía les explicaba las características de la producción avícola, la señora Coolidge quedó impresionada por la frecuencia con que se apareaba el gallo; – “Hágaselo notar al señor Coolidge” – dijo la esposa al guía; cuando el guía informó del dato al Presidente, éste pregunto si el gallo se apareaba siempre con la misma gallina; – “No, con muchas diferentes” – le contestaron; – “Por favor, hágaselo notar a la señora Coolidge” – indicó el Presidente.

La vida, si sabemos evolucionar, nos renueva, es decir nos hace “nuevos” y con nosotros, nuestro comportamiento, y nuestras relaciones.

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